miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL TIEMPO SE DETIENE

Todos mis amigos son periodistas y estoy segura de que casi ninguno conoce el lugar donde hoy nos vamos a tomar el café.  Se trata de un rincón escondido, un patio interior donde se respira paz y armonía. Es muy diferente a todos los espacios donde hemos estado últimamente.  Tenéis que llegar a la calle San Mateo de Madrid.  Allí se encuentra un maravilloso edificio del siglo XVIII que ha sido recientemente restaurado por completo, convirtiéndose en una joya que no os podéis perder: el Museo del Romanticismo.

Me decidí a entrar atraída por lo sugestivo del nombre...Romanticismo... aquello significó una nueva concepción del mundo en toda Europa.

El interior del edificio consiste en una recreación de los ambientes cotidianos, en los que se movía una familia burguesa acomodada a principios del siglo XIX.  El vestíbulo, donde el señor de la casa recibía a sus invitados; la zona noble, en la que se realizaba un mayor esfuerzo decorativo, ya que era utilizada para organizar reuniones y bailes, lo que se veía era la imagen de la familia, su poder económico. La biblioteca, el oratorio, las salas dedicadas a tertulias literarias y a representaciones teatrales y además, los cuartos de los niños que en esta época se empezaban a decorar con temas infantiles.

El museo cuenta con una extraordinaria colección permanente de pintura, miniatura, dibujo, mobiliario y una cuidada selección de objetos típicos de aquellos años. A partir de cada pieza, nos podríamos imaginar toda una historia relacionada con sus dueños. Así lo he hecho yo con una preciosa sombrilla de marfil, turquesa y gasa. Su propietaria seguramente sería una mujer bella, presumida y con un gusto exquisito en el vestir. Puede ser que fuera la inspiración de algún escritor famoso, que le dedicara sus versos. También se encierran en estas paredes, en una vitrina bajo llave, las pistolas con las que se piensa Larra se quitó la vida por un desengaño amoroso.

Aquella fue una etapa en la que se defendía la libertad de cada persona frente a las normas sociales, predominando el sentimiento frente a la razón.

Muchas de estas ideas llegaron de otros puntos de Europa, algunas viajaron en tren de vapor y se quedaron para siempre en el andén de la Estación de Delicias de Madrid, hoy, Museo del Ferrocarril.





En este apeadero el tiempo se ha detenido. Sin embargo, ha sido testigo de sucesos muy interesantes.  Fue inaugurado por los Reyes Alfonso XII y María Cristina el 30 de marzo de 1880. Aquí se puede tocar la historia de España, su evolución empresarial y económica, el modo en que esta nueva industria ferroviaria fue capaz de arrastrar a todo un sector productivo a través de la la construcción y la innovación tecnológica.  En este mismo lugar se establecieron también las primeras relaciones laborales organizadas por grupos de trabajadores. La estación es sobre todo lugar de encuentros y despedidas, coches llenos de viajeros de distintas clases sociales que llegaban a Madrid cargados de ilusiones y marchaban con vivencias únicas.  Es también el reflejo de los intercambios comerciales, paquetes y mercancías que viajan de noche.

Si sentís curiosidad, no os resistáis a perderos por las salas situadas a ambos lados de las vías.  Encontrareis una magnífica colección de relojes, modelismo, maquetas, comunicaciones y uniformes que os ilustrarán sobre la historia de este mundo tan apasionante.

Yo, os tengo que dejar.  Me dispongo a subir al tren de alta velocidad hacia otro jardín donde invitaros a un café.

¡Hasta la semana próxima!